Presión energética: La IA reproduce los errores de la minería cripto
Nos encanta la inteligencia artificial porque hace nuestra vida más sencilla. En cada aplicación, desde la edición de fotos hasta el asistente de voz, la IA se cuela discretamente. Nos guía, nos entretiene y promete revolucionar industrias enteras. Pero detrás de la pantalla, la realidad es menos glamurosa: la IA requiere una energía considerable. Y como antes con Bitcoin, esta búsqueda de potencia de cálculo se topa hoy con límites sociales, ambientales y energéticos.

En resumen
- 64 mil millones de dólares en proyectos de centros de datos de IA bloqueados por resistencias locales.
- Los ciudadanos denuncian la presión energética de las infraestructuras IA, comparada con la minería de bitcoin.
- Fermi America planea un campus nuclear en Texas para alimentar los futuros servidores de inteligencia artificial.
- OpenAI promete asumir sus costos energéticos frente a críticas crecientes sobre el impacto ambiental.
IA & territorios: cuando la 4ª revolución choca con el terreno
La inteligencia artificial no solo circula en datos: también vive en centros de datos gigantescos. Estas fábricas de cálculo, diseminadas por Estados Unidos, requieren gigavatios de electricidad, redes robustas e infraestructuras imponentes.
Pero en Oregon, Virginia, Texas o Georgia, ciudadanos y autoridades locales empiezan a decir basta.

Estas nuevas resistencias recuerdan un episodio muy conocido para los aficionados a bitcoin: las tensiones cuando mineros de BTC chocaron con comunidades locales preocupadas por el ruido y el aumento de las facturas eléctricas. En aquel entonces, las promesas de empleo e ingresos fiscales no lograron calmar a los residentes.
Hoy, son los centros de datos de IA los que sufren este cambio de opinión. Según el informe Data Center Watch, proyectos por un total de 64 mil millones de dólares han sido bloqueados o retrasados por grupos ciudadanos, votos municipales y recursos legales.
Frente a estas tensiones, las empresas intentan adaptar sus enfoques. Algunas afirman querer dialogar mejor, otras prometen financiar los costos energéticos.
Sin embargo, los habitantes permanecen alertas. Consideran que la “revolución IA” no debe sacrificar su calidad de vida, la fiscalidad local o la sostenibilidad de sus redes eléctricas.
La IA sigue la misma trayectoria que bitcoin: energía primero, aceptación social después
La historia se repite. A medida que la demanda de cálculo aumenta, la IA aparece como una nueva fuente de presión energética. Y esta presión no es abstracta: afecta directamente a regiones que, años atrás, ya vieron proliferar granjas de minería de BTC.
Estas mismas regiones hoy son solicitadas por los hyperscalers, enormes empresas tecnológicas que construyen centros de datos para IA.
Las críticas señalan temores sobre impactos en redes locales, redes eléctricas, acuíferos e incluso en los precios de la energía. Lo que antes era una actividad discreta, casi invisible, se convierte en un tema electoral local.
Y ya no es solo cosa de ingenieros o traders cripto; se ha convertido en un debate público.
La situación ilustra una paradoja: la IA, que debe mejorar nuestro día a día, es percibida como una amenaza cuando exige demasiada electricidad o recursos. Es precisamente este mismo modelo energético que bitcoin ya había puesto en evidencia.
La apuesta nuclear y la IA: ¿una escapatoria o un verdadero futuro energético?
Frente a lo que podría convertirse en un callejón sin salida, algunos actores exploran estrategias audaces. Es el caso de Texas, donde la empresa Fermi America planea construir un mega-campus IA alimentado por energía nuclear.
El Proyecto Matador combina reactores AP1000 y centros de datos de muy alta densidad, un regalo fiscal y político apoyado por Washington. Este modelo energético busca responder a la explosiva demanda de la IA sin depender de las limitaciones de la red local.
Pero esta solución trae sus propios riesgos. Las comunidades locales temen no solo el impacto ambiental de infraestructuras pesadas, sino también una distribución desigual de beneficios.
Se cierne el espectro de un nuevo «extractivismo digital»: tecnologías que benefician a los grandes actores, costos asumidos por las comunidades locales.
Y más allá del planeta, otros ya sueñan con centros de datos fuera del mundo. En propuestas más futuristas, ingenieros sugieren colocar servidores en órbita terrestre, alimentados por energía solar espacial, para sortear las limitaciones de la red.
Pero estas ideas siguen siendo experimentales, costosas y alejadas de las realidades políticas actuales.
La elección energética que el mundo haga para la IA no es neutral. Dirá si queremos un crecimiento innovador, sostenible y compartido, o una simple repetición de errores pasados.
Puntos de referencia numéricos: energía, IA, bitcoin y centros de datos
- 64 mil millones $: proyectos de centros de datos bloqueados o retrasados en Estados Unidos;
- 142: grupos ciudadanos activos contra estos proyectos;
- 12%: porcentaje previsto del consumo eléctrico mundial por IA para 2028 (estimación de la industria);
- 18 millones m²: superficie prevista del campus nuclear IA Fermi America;
- 89,527 dólares: precio del bitcoin (BTC) al momento de redactar.
La automatización y la inteligencia artificial transforman no solo la energía sino también el trabajo. Algunos ya advierten que la velocidad de la IA podría destruir empleos tradicionales. Como señaló CZ, el progreso tecnológico pone en peligro oficios enteros. En este panorama, la cripto, y en particular bitcoin, podría verse como una solución de refugio financiero para trabajadores desplazados.
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