En una red donde cada línea de código puede convertirse en un manifiesto, la más mínima señal técnica adquiere aires de declaración política. El BIP 110, apoyado por una fracción creciente de los nodos Bitcoin, ilustra esta tensión interna. Detrás de esta propuesta aparentemente menor se esconde una voluntad clara: reforzar el control sobre la inserción de datos en la blockchain y defender una visión más rigurosa del protocolo.
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