Se proyecta que el mercado global de ciberseguridad alcance los $345 mil millones para 2026, pero los modelos tradicionales de seguridad siguen fallando espectacularmente. El reciente incidente del protocolo Balancer, en el que se drenaron $128 millones en menos de 30 minutos debido a un error de redondeo matemático, ejemplifica un problema fundamental: las arquitecturas de seguridad centralizadas crean puntos únicos de falla catastrófica. A medida que los avances en computación cuántica amenazan con volver obsoleta la encriptación actual en la próxima década, está emergiendo un nuevo modelo económico para la seguridad digital, uno en el que la confianza misma se convierte en una mercancía negociable y medible.