Las crisis mayores suelen ser reveladores poderosos de la utilidad pública de las innovaciones financieras, impulsando las criptos mucho más allá de su dimensión especulativa. Este es exactamente el escenario que se desarrolla actualmente en el continente sudamericano donde, tras los terremotos devastadores que han golpeado a Venezuela, el ecosistema mundial de estos activos se ha movilizado a una velocidad vertiginosa. En un contexto en el que los circuitos bancarios tradicionales resultan inoperantes o fuertemente bloqueados, la rapidez, la ausencia de fronteras y la desintermediación que ofrece la tecnología blockchain aparecen como ventajas capitales para canalizar la ayuda.