Los legisladores estadounidenses reavivan el proyecto de reserva estratégica de Bitcoin.
El Congreso estadounidense vuelve a situar a Bitcoin en el centro del juego político. Con el proyecto ARMA, los legisladores quieren transformar los bitcoins ya poseídos por el Estado en una verdadera reserva estratégica, regulada por la ley.

En breve
- El Congreso estadounidense quiere dar un marco legal a una reserva estratégica de Bitcoin.
- ARMA prevé una conservación a largo plazo, con una excepción relacionada con la deuda nacional.
- El debate se centra tanto en la soberanía digital como en la volatilidad del BTC.
Washington quiere darle un estatus oficial a Bitcoin
El Congreso estadounidense reactiva la batalla en torno a la reserva estratégica de Bitcoin de Estados Unidos con la Ley de Modernización de Reservas Americanas (American Reserve Modernization Act) de 2026. El texto, promovido especialmente por Nick Begich y Jared Golden, quiere crear una reserva federal de bitcoins gestionada por el Tesoro estadounidense.
La idea no es solo almacenar activos digitales. Consiste sobre todo en hacer entrar a Bitcoin en el lenguaje de las reservas nacionales. En otras palabras, considerarlo un activo estratégico, al igual que un stock que el Estado no vende al ritmo de los ciclos políticos.
El proyecto ARMA retoma el espíritu del BITCOIN Act, pero con una ambición más institucional. Quiere consolidar el tema en la ley. Ahí es donde el asunto se vuelve delicado. Una reserva Bitcoin aprobada por el Congreso tendría más peso que un simple decreto presidencial.
Una reserva pensada para durar veinte años
El punto más fuerte del texto sigue siendo su lógica de conservación a largo plazo. Los bitcoins colocados en la reserva deberían mantenerse durante al menos veinte años. Sin embargo, existe una excepción: podrían venderse para reducir la deuda nacional estadounidense.
Esta elección envía un mensaje claro al mercado. Estados Unidos no solo quiere acumular. Quiere evitar ventas apresuradas que a veces han caracterizado la gestión de bitcoins incautados en procedimientos judiciales. Es una manera de decir: el stock se vuelve político, casi patrimonial.
ARMA también apunta a la adquisición de un millón de bitcoins en cinco años mediante estrategias llamadas neutrales para el presupuesto. En términos claros, el proyecto busca evitar el dinero directo de los contribuyentes. Esta precisión es crucial porque intenta desactivar el argumento más evidente de los opositores: ¿por qué comprar un activo tan volátil con fondos públicos?
El debate supera ampliamente el precio del bitcoin. ARMA también quiere imponer informes regulares de prueba de reserva y auditorías independientes. En un sector a menudo criticado por su opacidad, esta promesa de transparencia no es decorativa. Sirve para hacer la idea más aceptable para el público general.
El texto también insiste en los derechos de propiedad digital. Afirma que el gobierno federal no debe violar el derecho de las personas a poseer o guardar por sí mismas sus activos digitales. Este detalle habla directamente a la cultura cripto, muy apegada a la autogestión.
También es una maniobra política sutil. Los promotores del texto no solo venden una reserva nacional. Asocian a Bitcoin con la soberanía financiera, la libertad individual y la modernización del Estado. El vocabulario está elegido. Apunta a los inversores, pero también a los votantes desconfiados de Washington.
Una batalla lejos de estar ganada
El camino sigue siendo complicado. En marzo de 2025, Donald Trump ya había firmado un decreto estableciendo una reserva estratégica de bitcoins financiada por los activos incautados por el Estado. Pero un decreto no tiene la misma fuerza que una ley. Precisamente ese vacío es el que ARMA quiere llenar.
Jared Golden lo resumió simplemente: Estados Unidos ya posee bitcoin, pero el Congreso nunca ha establecido una política federal clara para gestionar este activo. El proyecto ARMA intenta por tanto transformar una acumulación existente en una estrategia nacional asumida.
Esta batalla se inscribe en una secuencia más amplia, iniciada por el decreto que convirtió a Bitcoin en un activo estatal. ARMA no garantiza una revolución inmediata. Pero muestra una cosa: Bitcoin ya no se trata como una curiosidad marginal en Washington. Se convierte en un objeto de estrategia pública.
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Fascinado por bitcoin desde 2017, Evariste no ha dejado de investigar el tema. Si bien su interés inicial era el trading, ahora trata de comprender activamente todos los avances centrados en las criptomonedas. Como editor, se esfuerza por proporcionar constantemente un trabajo de alta calidad que refleje el estado del sector en su conjunto.
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