Corea del Norte acusa a sus propios veteranos de ciberguerra de desviar fondos del Estado
Las autoridades de Corea del Norte han arrestado a un grupo de ex operadores cibernéticos y especialistas en informática, acusados de haber hackeado dos bancos públicos y blanqueado los fondos a través de criptomonedas. El medio surcoreano Daily NK reveló el caso el 25 de julio, citando una fuente anónima en Pyongyang. Un caso que sacude la narrativa habitual de los ciberataques norcoreanos, hasta ahora sistemáticamente dirigidos hacia el exterior.

En breve
- Un grupo de ex agentes cibernéticos norcoreanos fue arrestado por hackear el banco central y el Foreign Trade Bank, según Daily NK
- Los fondos estatales robados se convirtieron en criptomonedas y luego fueron blanqueados a través de intermediarios ubicados en China
- Es un caso sumamente raro en que operadores estatales norcoreanos son acusados de atacar a su propio gobierno
Corea del Norte golpea dentro de sus propios muros
Según el medio especializado Daily NK, con sede en Seúl, los sospechosos infiltraron las redes internas del banco central norcoreano y del Foreign Trade Bank, dos instituciones estratégicas del régimen. Luego convirtieron los fondos en activos digitales y los reciclaron mediante intermediarios situados en China.
Cointelegraph no pudo verificar el informe de forma independiente. Daily NK se apoya en una red de fuentes dentro del país, un ejercicio notoriamente difícil dada el control absoluto que ejerce Pyongyang sobre la información.
El caso sigue siendo creíble a la luz de los antecedentes: en junio de 2026, Consensys, la empresa detrás del monedero MetaMask, descubrió que un desarrollador vinculado a Corea del Norte se había infiltrado en sus equipos.
El modo de operación descrito reproduce esquemas conocidos por las fuerzas de seguridad internacionales. Hackeo interno, conversión a criptomonedas, blanqueo a través de corredores chinos. La diferencia esta vez está en el objetivo: no una plataforma de intercambio extranjera ni un protocolo DeFi, sino las propias arcas del estado norcoreano.
Un historial de ciberataques que pesa miles de millones
Pyongyang sigue siendo durante más de una década el principal sospechoso de los mayores atracos digitales del planeta.
El grupo Lazarus, unidad de élite del espionaje norcoreano, robó 620 millones de dólares del puente Ronin Network en 2022, antes de lograr el histórico atraco de 1,5 mil millones de dólares en la plataforma Bybit en febrero de 2025.
El Departamento del Tesoro de EE. UU. estima que el rendimiento anual de las ciberoperaciones para el régimen está entre 1 y 2 mil millones de dólares. Un maná que financia el programa balístico y permite evadir las sanciones internacionales. En 2026, la empresa de análisis Chainalysis atribuyó incluso el 76 % de los robos de criptomonedas registrados en el mundo a actores vinculados a Corea del Norte, según un informe difundido por Cointelegraph.
La novedad del caso Daily NK no reside en el método, sino en el objetivo. Hasta ahora, los operadores norcoreanos apuntaban a infraestructuras extranjeras. Esta vez, la frontera entre agresor y víctima parece haberse difuminado dentro del mismo régimen.
Cuando el furtivo se convierte en guardabosques
Si el informe de Daily NK se confirma, este caso marca un precedente inquietante. Agentes formados por el Estado, expertos en las técnicas de hackeo más avanzadas, habrían vuelto sus habilidades contra su propio patrocinador. Un escenario que plantea la pregunta sobre la lealtad de estas unidades, generalmente desplegadas bajo una presión extrema.
El blanqueo a través de corredores chinos subraya otra realidad: China sigue funcionando como un centro neurálgico para el reciclaje de criptos robadas, a pesar de los reiterados llamados del GAFI. Las plataformas de trading OTC y las redes de testaferros continúan prosperando allí.
Queda por ver si Pyongyang hará pública esta ola de arrestos. La transparencia nunca ha figurado en el catálogo del régimen de Kim Jong-un, pero la filtración vía Daily NK indica que la historia ya ha atravesado las fronteras.
En suma, este caso expone a una Corea del Norte atrapada por su propia máquina cibercriminal. Por un lado, un régimen que instrumentaliza el hackeo como palanca de supervivencia económica. Por otro, agentes que se han vuelto incontrolables, capaces de volver su arsenal contra el Estado que los formó. Una paradoja reveladora, mientras Pyongyang ya rechaza las acusaciones que le imputan el 76 % de los robos de criptos mundiales en 2026.
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