Los mercados solo necesitaron unas pocas horas para tambalearse. Un aumento repentino de los precios del petróleo, provocado por la escalada de tensiones en Oriente Medio, reavivó la aversión al riesgo y provocó un movimiento de ventas en los activos más expuestos. El bitcoin, que aún buscaba consolidar sus recientes ganancias, se vio atrapado en una mecánica bien conocida: aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses, retroceso de las expectativas de reducción de tasas por parte de la Reserva Federal y retorno abrupto de la incertidumbre geopolítica. ¿Pueden las criptomonedas aún escapar a las turbulencias de la macroeconomía?