¿Puede una tecnología considerada demasiado arriesgada convertirse en un activo estratégico de la noche a la mañana? En Washington, el caso Anthropic ilustra este cambio. Tras haber sido excluida de los sistemas federales, la empresa de IA vuelve al centro de las discusiones, mientras que sus capacidades generan tanto interés como inquietud. Entre exigencias militares, desafíos de ciberseguridad y límites éticos reivindicados por sus dirigentes, la administración estadounidense busca ahora una vía de compromiso en un expediente que se ha vuelto altamente sensible.