La mezcla de política, extravagancia y criptomonedas prometía un cóctel explosivo. Sobre todo, dio lugar a un malestar culinario y a un discurso vacío. En la cena muy selecta organizada por Donald Trump para honrar a los mayores poseedores de su memecoin homónimo, un invitado no se guardó nada: "ridículo", "chatarra", "tonterías". El evento, que se suponía que encarnaba la seriedad de un giro cripto asumido, se transformó en una sátira involuntaria. Y fueron los aperitivos, al igual que las promesas, los que fueron mal recibidos.