El advenimiento de la inteligencia artificial reconfigura las estructuras de producción, pero también sacude los mismos fundamentos de las políticas monetarias y fiscales occidentales. Con el auge de la automatización global, ahora surge una división ideológica importante entre los partidarios de una centralización estatal de las infraestructuras tecnológicas y los defensores de un capitalismo privado liberalizado. Hoy esta dinámica está en el centro de los debates macroeconómicos globales, con gobiernos y grandes capitanes de industria buscando anticipar los desequilibrios del empleo del mañana.