En un universo dominado por la abstracción digital, la desaparición brusca de la estatua de Satoshi Nakamoto en Lugano resuena como un choque simbólico. Erigida durante el Plan B Forum en homenaje al espíritu descentralizado del bitcoin, la obra fue arrancada, vandalizada y luego recuperada en pedazos a orillas del lago. Este manifiesto artístico, convertido en objetivo, cristaliza las tensiones en torno al imaginario cripto. Se prometió una recompensa en bitcoin, señal de que el caso supera el simple vandalismo: interpela sobre la integridad de los símbolos en una cultura sin rostro.