El 9 de julio, la criptomoneda reina pulverizó su récord anterior al superar brevemente los 112,000 dólares, disipando las dudas sobre un agotamiento del ciclo alcista. Este cruce simbólico, que se produjo en un contexto de presiones geopolíticas y movimientos masivos en los mercados de derivados, reaviva las especulaciones sobre la entrada en una nueva fase de expansión del mercado cripto.