La llegada de los agentes autónomos hace evolucionar la misma noción de soberanía e infraestructuras en la era digital. Ante un avance tecnológico a menudo más rápido que las reglas antiguas, se vuelve imprescindible otorgar existencia legal a las entidades algorítmicas. Estonia, pionera en materia de instituciones innovadoras y de digitalización al 100 %, se confirma una vez más como el laboratorio mundial de esta transición. Al conceder un estatus oficial a las inteligencias artificiales, el Estado báltico traza un camino nuevo en la historia de la gobernanza tecnológica.