Durante meses, Elon Musk atacó públicamente a Anthropic. Hoy, el multimillonario le abre sin embargo las puertas de una de las supercomputadoras más potentes del mercado. Detrás de este acuerdo sorpresa entre SpaceXAI y la empresa creadora de Claude se esconde una realidad que se ha vuelto central en la guerra de la IA: el dominio ya no depende solo de los modelos, sino sobre todo del acceso a GPUs, a la energía y a las infraestructuras capaces de alimentar la próxima generación de inteligencias artificiales.