A la víspera del 4 de julio, el Congreso estadounidense aprobó uno de los textos presupuestarios más radicales de la era moderna. Impulsada por Donald Trump, esta ley redefine las prioridades económicas de Estados Unidos con recortes masivos de impuestos, recortes sociales y una deuda en fuerte aumento. La votación, lograda a pesar de las fracturas republicanas, marca un giro estratégico en la era post-Biden. Más que un simple presupuesto, es una declaración política que reconfigura las cartas del poder y aviva las tensiones ideológicas en Washington.