El oro acaba de superar un umbral que atrae todas las miradas. Por encima de 4.400 dólares por onza, el metal precioso se beneficia de un cóctel particularmente favorable: debilidad del mercado laboral estadounidense, anticipación de una política monetaria más flexible y compras continuas de China. A estos factores se suman las tensiones geopolíticas y el aumento del precio del petróleo, que reavivan los temores inflacionarios. Frente a las incertidumbres económicas y monetarias, los inversores y los bancos centrales refuerzan su exposición al oro.