China ha multiplicado las señales contundentes en las últimas 24 horas. Continúa endureciendo su política económica y tecnológica, al tiempo que refuerza su control sobre las criptomonedas. Pekín supervisa más los capitales estadounidenses y acelera su autonomía en inteligencia artificial. Paralelamente, las sanciones de Washington contra empresas energéticas chinas agregan presión adicional. Entre finanzas, tecnología y energía, la relación de fuerzas entre Pekín y Washington adquiere una nueva dimensión.