La moneda de los BRICS no existe, al menos no aún. Mientras Lula pone fin a las especulaciones sobre una divisa común, una transformación mucho más profunda ocurre en silencio. Detrás de esta negación, las grandes economías emergentes aceleran la revisión de los intercambios internacionales, eludiendo progresivamente el dólar. Entre el discurso político y las realidades financieras, una nueva arquitectura monetaria mundial ya comienza a tomar forma.